La facultad del albacea, así autorizado, para vender libremente: la legítima como reglamentación de freno, el artículo 901 del Código Civil y otras cuestiones

Existen multitud de dudas que, a pesar del paso de los tiempos y cierto abandono por parte de la doctrina, mantienen su vigencia e interés. La amplitud de las facultades del albacea es una de ellas, como se demuestra en este artículo a través del análisis de una de las posibilidades más controvertidas de esa figura: si cuando el testador lo ha querido, los albaceas pueden, concurriendo con legitimarios, vender por sí solos.

I. EL ALBACEA, EN GENERAL:

Si bien el objeto de este trabajo es bien concreto, resulta difícil no comenzar recordando que el albacea —del árabe al waci: gestor— ha merecido diversas calificaciones jurídicas, en todas las cuales subyace como nota esencial la confianza,elemento nuclear del que derivan todos los derechos, deberes y funciones que le corresponden. En consonancia con ello, se ha dicho que el albaceazgo es un oficio privado —ROCA (1)—, un cargo testamentario —LACRUZ (2)—, o, de modo más expresivo, un encargo de confianza —ALBADALEJO (3)—.

Nuestro Tribunal Supremo siempre ha insistido en la importancia de esa confianza, así como en el carácter de oficio que impregna el albaceazgo; por todas, la sentencia de 20 de septiembre de 1999 dice que: «el albacea, persona encargada por el testador de dar ejecución a su última voluntad contenida en el testamento, es un officium, basado en la confianza que el causante le ha depositado, que lo configura como vir bonus y tiene como consecuencia que sus funciones son personalísimas y no delegables»

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